Resumir un documento largo sin perder lo importante
Deja de pedir «resume esto» y haz tres o cuatro preguntas concretas sobre lo que necesitas saber, exigiendo para cada respuesta la frase literal del documento que la respalda. Un resumen genérico es correcto y no responde a lo que te importa; una lista de preguntas te dice exactamente lo que te afecta y de dónde sale.
Por qué «resume esto» falla
Porque la IA no sabe qué te importa. Un contrato de veinte páginas tiene un resumen distinto para quien va a firmarlo, para quien lo va a ejecutar y para quien lo está comparando con otro. Al no decirle cuál eres, te devuelve el resumen medio: el que no sirve para ninguno de los tres.
Las preguntas que sí sirven
- «¿Qué obligaciones me impone a mí, con la frase exacta de cada una?»
- «¿Qué plazos y fechas aparecen y qué pasa si no se cumplen?»
- «¿Qué se puede cancelar, cómo y con cuánto aviso?»
- «¿Qué hay aquí que sea inusual respecto a un documento normal de este tipo?»
- «¿Qué NO dice el documento que debería decir?»
Las dos últimas son las que más rentan y casi nadie las hace.
Señales de que no te puedes fiar
- No hay frase de apoyo, o la frase que cita no está en el documento.
- El resumen es igual de detallado al principio que al final: suele significar que solo ha leído bien el principio.
- Aparecen cifras redondas que no están en el texto.
- Contesta con seguridad a algo que el documento no puede contener.
Un truco simple para el último caso: pregunta por algo que sabes que no está. Si se lo inventa, ya sabes cómo tratar el resto.
El límite honesto
Un resumen te dice dónde mirar; no sustituye a leer lo que vas a firmar. Sirve para decidir qué páginas te tienes que leer de verdad, y eso ya es la mayor parte del ahorro.
El resumen no es el objetivo: el objetivo es saber qué te afecta y dónde está escrito.