Cómo usar la IA para responder correos difíciles
Pega el correo que has recibido, explica en una frase qué quieres conseguir con tu respuesta y describe el tono con cosas comprobables. En treinta segundos tienes un borrador razonable; tú decides el fondo y compruebas los datos. Lo que bloquea un correo difícil casi nunca es escribirlo: es decidir qué se dice.
La petición que funciona
Un correo difícil necesita cuatro cosas en la petición, y solo la primera es larga:
- El correo recibido, pegado entero.
- La situación por dentro: «lleva dos meses sin pagar y sigo trabajando para él».
- El resultado que buscas: cobrar sin perder al cliente, decir que no sin cerrar la puerta, avisar de un retraso sin dar pena.
- El tono, en cosas que se pueden cumplir: «sin pedir perdón», «máximo seis líneas», «sin exclamaciones».
El asunto merece su propia petición
El asunto decide si te leen, y es lo último en lo que la gente piensa. Pide tres opciones y elige: uno neutro, uno directo y uno que nombre la acción que esperas. Descarta los que empiezan con «Re:» acumulados y los que prometen algo que el cuerpo no cumple.
El orden que baja la tensión
Cuando el correo es una queja, el orden importa más que las palabras: reconocer lo que ha pasado, decir qué vas a hacer y cuándo, y solo al final explicar por qué ocurrió. Al revés —empezando por la explicación— suena a excusa aunque el texto sea impecable.
El minuto que no te puedes saltar
- Comprueba fechas, importes y nombres: es lo que la IA rellena sin avisar.
- Quita cualquier compromiso que no vayas a cumplir. Suele colarse una promesa amable.
- Léelo en voz alta. Si no lo dirías así por teléfono, todavía no es tuyo.
La IA te quita la pantalla en blanco; el criterio y los datos siguen siendo tuyos.