Cómo montarte una rutina semanal con IA
Elige un momento fijo de la semana, engánchalo a algo que ya haces, y dedícalo siempre a las mismas tres tareas: lo que escribes, lo que tienes que leer y lo que hay que planificar. Cierra con diez minutos de repaso para guardar lo que funcionó. Sin momento fijo y sin enganche, el hábito se cae en la segunda semana.
Momento y enganche
El error clásico es proponerse «usar más la IA». Eso no es una rutina, es una intención. Una rutina tiene día, hora y un enganche: «los lunes, después del café, antes de abrir el correo». El enganche es la parte que la gente se salta y la que hace que funcione: no dependes de acordarte, dependes de una cosa que ya haces sin pensar.
Las tres tareas de siempre
Son siempre las mismas tres a propósito. Una rutina que cambia de contenido cada semana no se automatiza nunca.
El repaso de diez minutos
Al terminar, dos preguntas: qué petición me ha salido bien —esa se guarda con huecos, es una plantilla— y qué he tenido que corregir tres veces —eso es un flujo que hay que partir en pasos. En cuatro semanas tendrás media docena de plantillas propias, y ahí es cuando la rutina empieza a devolverte tiempo de verdad.
Una medida honesta
No cuentes cuántas veces has abierto el chat. Cuenta cuántas de las tareas de la lista de arriba salieron adelante esa semana. Si son dos de tres durante un mes, la rutina funciona. Si es cero durante dos semanas seguidas, el problema no es la voluntad: es el momento que elegiste, y hay que cambiarlo.
El hábito no se sostiene con entusiasmo: se sostiene con un momento fijo y tres tareas que no cambian.